La niñera

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Bufó con ira, sintiéndose obligado a recibir tratados de un bebé. No quería admitirlo, pero sí. Tenía que soportar aquella obligación por parte de su matriarca. La observó a los ojos con fastidio —como si la estuviese desafiando con la mirada— y bufó nuevamente para que ella se diera cuenta de su estado.

La morena sonrió con cierta gracia acumulada en sus emociones. Realmente le ocasionaba una sensación risueña visualizar a su procedente lleno en cólera, pero de manera cómica. Colocó su mano derecha sobre la cabeza del pequeño y lo despeinó como es normal en muchas madres.

Él hizo un sonido que recalcaba su incomodidad, por lo que la señora dejo de desorganizar sus hebras azabaches, al igual que las de ella.

—¡Vamos, Sasuke-chan! Ella es muy gentil y dulce. Te divertirás mucho y le tomarás mucho cariño —habló llena de apacibilidad la mayor en la escena. El niño se tiró en el sofá con desgana, ahogado en cólera.

—¿Por qué me debo quedar con una niñera? —espetó no exactamente gritando, pero sí con molestia. Él no era ese tipo de chicos escandalosos a pesar de su corta edad, pero sí era algo impaciente.

La dama se sentó junto a él con mucha elegancia, que se notaba en su manera de descender. Estaba apoyando su rostro en la palma de su mano lleno de aburrición, cada vez incrementando más su desagrado.

—Debo hacer este viaje de negocios. Desde que tu padre ya no está… ahora somos Itachi y yo quienes nos encargamos de la empresa. Se paciente, Sasuke-chan —suspiró media triste al recordar lo de su difunto esposo. Él hizo lo mismo.

Reinó un lapso de tiempo lleno de silencio, en el cual sólo se podían escuchar los grillos que cantaban desde afuera de la casa. Era la hermosa voz de la naturaleza nocturna susurrando que todo estaría bien para el Uchiha.

El joven parpadeó un par de veces hasta que al fin pudo exhalar unas pocas palabras.

—Hm. Sabes que haré esto sólo por la empresa. No quiero estar con una niñera; ¡puedo cuidarme solo! —exclamó el masculino dependiente.

La matriarca sonrió rebosante de astucia.

—Eso es lo que dicen todos los niños de tu edad. Además, iré al país vecino; Suna, el cual está a muchos kilómetros de aquí —explicó con sabiduría maternal. Un poco corrupta, pero al mismo tiempo llena de amor, como se supone que es una madre.

El chico tan sólo resopló resignado ante los argumentos de su superiora. Era normal que ella lo venciese en cuanto a pruebas, por lo que él vivía en un mundo lleno de derrotas ante la aludida.

La fémina ascendió del mueble y se retiró de la sala, para dirigirse a su habitación a preparar lo que le faltaba, lo cual ya no era casi nada. Sólo unos ropajes que irían en su maleta y su abrigo. Así estaría preparada para partir.

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El tiempo pasaba a una velocidad casi imperceptible. El tik tok del reloj colgado en la pared derecha de la sala resonaba una y otra vez haciendo eco en la mente del infante, lo cual ya lo tenía irritado; por lo que se dedicó a encender aquella caja electrónica que estaba enfrente al sillón.

Pasaba con monotonía los programas que se presentaban en el aparato de tamaño regular.

<<No hay nada bueno que ver…>>, pensó irritado en sobremanera. Era casi increíble que un sábado no habían canales de entretenimiento para él.

¿Deportes? No. ¿Canal educativo? No. ¿Cocina? No. ¿Moda? ¡No!

Todo era tan aburrido… Hasta que sonó el singular sonido del timbre en la puerta principal; lo cual no preocupó para nada al joven, por lo que la madre del aludido se dedicó a abrir la entrada.

—¡Pasa, adelante!

—¡Muchas gracias, señora Uchiha!

Eran voces que se podían oír. La de su matriarca,… y la de otra chica. Una voz que de inmediato llamó la atención del niño, haciéndolo voltear bruscamente el rostro hacia la procedencia del sonido… o por lo menos hacia donde le indicaba su sentido auditivo.

En ese instante, hizo aparición en la sala —entrando por el pasillo que conectaba la entrada con la pieza— una joven colmada de complejas cualidades que la llenaban de singularidad.

Era sinceramente hermosa. Desde arriba se podían apreciar sus hebras craneales largas y de una tonalidad extravagantemente rosácea, que al parecer, llegaban hasta la cintura de la fémina.
También estaba su amplia pero linda frente y un poco más abajo aquellas dos esmeraldas que reposaban en sus cuencas llenas de brillo e inocencia.
Sus lindas y delicadas facciones, su blusa rosa y su falda que no era muy pegada a sus piernas… Además de aquellas lindas zapatillas de pequeño tacón.

Pero lo que más le había llamado la atención al infante, eran aquellas dos piedras verdes y preciosas que estaban observándolo sin malicia alguna.
Por primera vez en su vida, tragó grueso.

—¡Él es mi hijo menor del que te hablé, Sakura-san! —espetó con libertad y ansias la morena a la recién llegada.

La chica de cabellos rosados sonrió.

—¡Oh! Entonces tú eres Sasuke —exclamó maravillada ante el lindo rostro del infante—. ¡Mucho gusto! Soy Sakura, yo seré tu niñera.

—Hm. El gusto es todo tuyo —habló groseramente mientras se levantaba del sofá y se alejaba de allí con destino a su habitación.

La recientemente llegada quedó algo confundida. ¿Por qué el masculino la había tratado con tanta indiferencia, sobretodo al saber que ella sería su aya? Eran preguntas así y más las que cruzaban la mente de la adolescente.

La señora con abrigo, maletas y boletos de avión se disgustó ante aquella reacción por parte de su niño. Pero claro; él era así, y así había que aceptarlo. Además de que Mikoto sabía que su hijo se comportaría de esa forma ante la jovencita.

Procedió a disculparse en su nombre.

—Sakura-san, perdona a Sasuke-chan. Ya se está creyendo un “hombrecito” y dice que se puede cuidar solo —masculló con irritación la matriarca.

Sakura volteó a observarla con una sonrisa.

—Tranquila, señora Uchiha. Yo lo tendré todo bajo control —habló con astucia recalcada.

Antes de irse, la mujer fue al segundo piso a despedirse de su hijo con un beso en la frente además de un muy dulzón y cariñoso “te amo, hijo”.

—¡Nos veremos en cinco días! —fue lo último que dijo antes de subirse en aquel taxi que la llevaría al aeropuerto. Ambos, la adolescente y el infante se despidieron agitando su mano.

Después de eso, los dos ingresaron nuevamente al domicilio Uchiha. Sasuke no dijo nada, y se dirigió directo a su habitación, pues como de costumbre, él se acostaba a las 9:00 PM. Una hora muy buena para un niño de su edad.

Aquello sorprendió un poco a la aya, pero se atrevió a interrumpir el ascenso por las escaleras del niño.

—¡Eh! ¿A dónde vas?

—A mi habitación… para dormir —habló en seco el varón.

Ella se limitó a sonreír.

—Pero pensé que podíamos conocernos un poco más… Así nos llevaríamos mejor —con inocencia fue planteando cada palabra en sonido, mas a él no le importó.

—Hoy tuve práctica de fútbol y estoy exhausto —sentenció con una incómoda indiferencia—. Me voy a dormir.

Y así, el infante prosiguió con su ascenso al segundo piso por aquellas escaleras. Al irse, la fémina de pelo rosáceo se tiró con desgana en el gran mueble de la sala. Sabía que lo que le había tocado no sería fácil, y mucho menos con aquel niño; aún así, le estaban pagando bien.

Quedó mirando el techo por unos segundos, y de su gran bolso lleno de ropa, cepillo de dientes entre otras cosas, sacó un lindo blackberrycon tapa color rosa pálido. Marcó unos números y lo colocó en su sentido auditivo.

Esperó a que contestaran.

—¿Sí, Hinata? Habla Sakura. Dile a Ino que no podré ir a la reunión. Por… cosas personales.

—E-Está bien, S-Sakura-chan —y dicho aquello por la Hyuuga, cerró su móvil y se dedicó a si misma unas palabras.

<<Prepárate, Haruno; esto no será fácil>>

Fin de Capitulo​

(Este Fanfic no es de mi autoria, si es tuyo repórtate con nosotros para darte los créditos)

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